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EL POBLADO DEL PANTANO DE BENAGÉBER

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EL POBLADO DEL PANTANO DE BENAGÉBER

El próximo sábado 26 se va a realizar el viaje inaugural del catamarán solar que recorrerá las aguas del Embalse de Benagéber. La partida de la embarcación desde el paraje de Fuente Muñoz nos sirve para recuperar uno de los emplazamientos más interesantes del patrimonio industrial valenciano: El Poblado del Pantano.

El poblado del Pantano de Benagéber es uno de esos lugares en los que la historia cobra vida y nos permite acercarnos a la idea de construir un alojamiento para los trabajadores, las instalaciones que se diseñaron, la forma en que se concibió la vida de sus habitantes… nos llevan a las décadas centrales del siglo XX, en las que el autoritarismo de la dictadura se mezclaba con la idea naciente del estado del bienestar.

Recientemente se ha inaugurado también un itinerario que permite recorrer el emplazamiento comprendiendo mejor que es lo que estamos viendo. En 1912 se inició el largo proceso que culminó con la construcción de la presa y el poblado. Frente a la propuesta del Plan Nacional de Obras Hidráulicas (Plan Gasset, 1902) que proponía la construcción de un embalse en el paraje de Lácava (Tuéjar) se planteaba la construcción de el de Benagéber, llamado entonces de San Vicente Ferrer. En 1933 Manuel Lorenzo Pardo, uno de los grandes popes de la política hidrológica española del siglo XX, a la sazón jefe del Centro de Estudios Hidrográficos y el ministro Indalecio Prieto se decantaron por el proyecto de Benagéber y en abril de 1934, en presencia de Alcalá Zamora se inauguraron las obras del que entonces se denominaba “Pantano de Blasco Ibáñez”. La guerra paralizó las obras y ya en los años cuarenta comenzaron de nuevo los trabajos a cargo de la empresa Portolés y Cia del que entonces se denominó como “Pantano del Generalísimo”. En 1952, el pantano fue inaugurado por Franco aunque las obras no estaban finalizadas del todo.
LA PRESA
Una Obra Emblemática

En su momento el Pantano fue el que contaba con la presa de mayor altura de España (106 metros), embalsando 225 hectómetros cúbicos en una superficie de 1.208 hectáreas. Las aguas del pantano, que se derivaban hacia el denominado Canal de Llíria, permitieron asegurar el riego de 15.000 hectáreas de regadío tradicional en los márgenes del Turia y reconvertir a regadío otras 15.000 más. En septiembre de 1944 las aguas embalsadas en la obra fueron empleadas por primera vez para proporcionar un riego de emergencia a la Huerta de Valencia amenazada por una fuerte sequía.

Una de las piezas clave del patrimonio presente en el poblado es la cementera, que en su momento fue una planta pionera en el contexto valenciano. Aprovechando la roca madre calcárea de la zona se construyó una planta de elaboración de cemento junto a la obra de la propia presa. La cementera se integró desde el principio en la obra de tal manera que el producto final llegaba al tajo mediante un sistema de vagonetas eléctricas. La planta fue novedosa para la época, porqué además la propia cantera de extracción de roca estaba integrada dentro de la fábrica de cemento. De esta manera se minimizaban las pérdidas. Tantas novedades contribuyeron a que la cementera se considerase en la zona como un foco de innovación. En palabras de un periodista de la época: “Lo más portentoso de esta magnífica construcción es la fábrica de cemento, construida y empotrada en la misma cantera, que recoge por una parte, el material, lo lanza, por otra, convertido en cemento y preparado para ser directamente empleado en las obras. No hay un solo desperdicio por acarreo. Fabrica, aproximadamente, cien toneladas diarias de cemento”. (Agencia CIFRA. Publicado en ABC el 15 de mayo de 1947). Una vez finalizadas las obras la planta siguió siendo explotada por Portolés y Cia. que posteriormente la vendió junto a otra que tenía en Contreras, a Cementos Turia de Burjassot que la mantuvo durante algún tiempo en explotación hasta que la cerró a mediados de la década de los setenta del pasado siglo. El cierre de la planta supuso el abandono del poblado del pantano.

Una obra tan grande como la del Pantano de Benagéber excedía tanto en cantidad como en capacidad las posibilidades de la mano de obra local. Por ello llegaron gentes de orígenes muy diversos a trabajar en el tajo de Benagéber. La mayoría de las gentes que habitaron el poblado eran valencianos y conquenses, aunque hubo gentes de prácticamente todo el estado y también algunos portugueses. De Galicia llegaron canteros y también se instaló una importante colonia de jienenses, provincia de la que salieron importantes contingentes de trabajadores a todas las grandes obras públicas de la época. Con los trabajadores llegaron sus familias que también se instalaron en el poblado del pantano o en otros emplazamientos cercanos. El niño, cantante y actor Joselito “El Pequeño Ruiseñor”, que comenzó su carrera como “El Niño del Pantano” fue uno de estos familiares, siendo hijo de un trabajador originario de Beas de Segura (Jaen) que se instaló en las casas de Barchel. Junto a ellos la plana mayor de las obras compuesta por los capataces y los técnicos e ingenieros al cargo de la obra y un largo etcétera de técnicos que incluirá desde fontaneros, electricistas o maquinistas a químicos.

Otro grupo importante de trabajadores fueron los represaliados, personas que tras perder la Guerra Civil se vieron obligadas por la dictadura a trabajar en estas obras como parte de su condena bajo unas condiciones durísimas tanto en lo laboral como en lo personal. Sorprendentemente muchos de ellos por su elevado nivel de formación acabaron ocupando puestos de responsabilidad en las obras. Uno de los represaliados más conocidos fue Justo Martínez Amutio que había sido gobernador civil de Albacete durante la República y que tras cumplir su pena llegó a ser senador entre 1977 y 1979 y publicar varios libros de éxito entre los que destaca “Chantaje a un pueblo” (1974).
ESCUELA
Una aglomeración de gente tan grande requirió de servicios que proporcionaron profesionales de muy diversas procedencias. De esta manera en el poblado del pantano se podía contar con un médico, un practicante, una comadrona, varios maestros,un zapatero, varios tenderos, un cura, algunos sirvientes, un guarda forestal, molineros, una telefonista… En el poblado también hubo una dotación de la Guardia Civil además de vigilar las obras se encargaba de mantener el orden público, vigilar a los represaliados y hacer frente a las incursiones de la guerrilla antifranquista, muy activa en la zona y que mantenía un importante campamento en el cercano paraje de Valdesierra.

Un Poblado Singular

El Poblado del Pantano se asentó sobre un cerro que dominaba las obras del pantano y es el más cercano a la presa excepto por el que ocupa la cementera. Las viviendas se situaron preferentemente en la ladera de levante, el más recomendable por cuestiones bioclimáticas y también el más cercano a las obras, aunque el barrio conocido como “Las Colonias”o“El Otro Lado” se situó en la parte de poniente del monte. A la hora de construir las viviendas que debían de alojar a los trabajadores del Pantano de Benagéber se reflejó totalmente la mentalidad de la época. Por un lado, el paternalismo del régimen que las dotó de muchas comodidades, por otro el tremendo clasismo de la época que segregó espacialmente de forma muy clara a las diferentes clases sociales o la imposición de determinadas normas morales muy rígidas fruto de la ideología de la dictadura franquista.

Todos los edificios construidos en el Poblado del Pantano contaban con suministro de agua corriente y suministro eléctrico además de conexión con el sistema de alcantarillado. Un auténtico avance si se tiene en cuenta que en algunos municipios de la zona no se contó con dichos servicios hasta los años sesenta del siglo XX. Las viviendas se construyeron en función de quien las iba a ocupar, teniendo en cuenta su cualificación profesional y lo que era considerado correcto en la época. Como estaba mal visto que los solteros viviesen sólos se les contruyó un albergue con cuatrocientas plazas. Las familias ocupaban los grupos que eran viviendas unifamiliares organizadas en baterías de seis casitas. Algunos trabajadores disponían de vivienda anexa a su lugar de trabajo (bar, vaquería, porqueriza, escuela, oficinistas, empleados de la confederación…), mientras que otros de alto rango contaban con casa propia (químicos de la cementera,
médicos, directivos, cura…).
VIVIENDAS
Los represaliados se alojaban en dos puntos: La Hospedería reservada a los profesionales -y que también alojó algunos administrativos de paso-y la Colonia, también conocida como “el otro lado”, y que incluso tenía calabozos para los trabajadores. Para dificultar el trato diario entre los represaliados y el resto de trabajadores la Colonia estaba ubicada en la ladera opuesta a la que ocupaban el resto de viviendas y los penados accedían a la obra por un camino propio. A medida que los represaliados iban cumpliendo su condena, los edificios que ocupaban se fueron quedando vacíos, por ello fueron reconvertidos en pabellones que alojaban a obreros junto a sus familias.

A principios de los años 50, con la finalización de la obra, buena parte de los trabajadores se marchó. Aún así en el poblado se mantuvieron los trabajadores de la cementera y los que seguían trabajando en el Canal de Benagéber. Con el fin de las obras, Portolés y Cia. cedió las viviendas a la Confederación Hidrográfica quien al cabo de un tiempo las entregó al ayuntamiento. El ayuntamiento vendió buena parte de ellas, que son ocupadas como segundas residencias, y cedió otra parte para la creación del Centro de Vacaciones Embalse de Benagéber.

Los edificios de servicios se ubicaron también preferentemente en la ladera este del monte, donde se encontraban la mayoría de las viviendas. Se intentó que el poblado fuese un modelo a seguir y un ejemplo de la labor social del régimen franquista, por ello contó con muchos servicios que otros pueblos de similar tamaño no podían llegar ni a soñar. Los servicios sanitarios recibieron una especial atención, de manera que se contaba con un hospital y una maternidad. El hospital no prestaba servicio sólo a los habitantes del Poblado del Pantano, sino también a los de otras instalaciones de Portolés y Cia. en la zona que eran trasladados allí para curas y reposos. También se prestó especial atención a la educación de los niños, de manera que se edificó una escuela -famosa en la zona por la su calidad docente- dividida en tres aulas: una para niños, otra para niñas y otra para bachilleres. A ambos lados se situaron las viviendas de los maestros.

El abastecimiento de la población también estaba garantizado mediante el economato, un bodegón, dos hornos de pan y un estanco. Para no depender de suministros exteriores en una época de grandes penurias, el poblado disponía de su propia granja de cerdos, una vaquería, molinos y llegó a contar con un rebaño de ovejas propio durante un tiempo. Los animales eran sacrificados en el matadero construido a tal efecto. La alimentación en el Poblado era bastante buena llegándose a dar el caso de que alguna familia se trajo a parientes, sobre todo niños, porqué podían nutrirse mejor que en Valencia. La Guardia Civil contó con dos casas cuartel. El primero de ellos se reconvirtió en ocho viviendas al inaugurarse el nuevo. Como se consideraba que en algunos momentos, sobre todo por la abundancia de represaliados y la cercanía de la guerrilla, la situación podía escapar al control de los números del cuartelillo; se trajo a un destacamento de soldados que acampó en los jardines del edificio de la Confederación.

Como no sólo de pan vive el hombre, también se crearon un bar, un campo de fútbol y dos cines (uno de ellos de verano y al aire libre) y una capilla, dedicada a la Virgen del Pilar, y una vivienda para el cura. Los trabajos en el pantano requerían de una serie de edificios y talleres que todavía podemos encontrar en el pantano: Las oficinas centrales, la cuadra de los mulos, los talleres, el garaje, la carpintería o el laboratorio (que posteriormente se reconvirtió en las oficinas de la cementera).

Una vida en condiciones muy duras…

Los trabajos en el pantano eran bastante duros, se trabajaba a destajo para finalizar las obras lo antes posible, las jornadas eran largas y los accidentes muy frecuentes. Se calcula que en los cinco años que duraron los principales trabajos del Pantano de Benagéber, perecieron veinte trabajadores y otros cien resultaron heridos a consecuencia de accidentes. A cambio, la paga era buena y las condiciones de vida en el poblado muy buenas comparadas con las de los pueblos cercanos. La Guardia Civil estaba obsesionada por mantener el orden público en el Poblado del Pantano. Por un lado estaban los guerrilleros antifranquista, por otro los represaliados y por otro sabían que buena parte de los trabajadores eran también opositores al régimen. En el poblado existía una red opositora que mantenía contactos con la guerrilla y le ofrecía apoyo. La respuesta de la Guardia Civil fue la represión constante y atajar inmediatamente cualquier altercado que pudiese originar una revuelta. Los momentos más tristes de esta represión se produjeron en marzo de 1947;la guardia civil consiguió detener a tres guerrilleros y cinco de los trabajadores del pantano que les apoyaban. El resultado fue la muerte de los ocho detenidos, que en la actualidad están siendo exhumados de una fosa común en el cementerio del nuevo pueblo de Benagéber, la interrupción de suministros de dinamita a los guerrilleros desde las obras del pantano y el abandono del campamento maquis de Valdesierra.

Con todo, la mayoría del tiempo la vida era bastante plácida. En los ratos libres la gente acudía al bar, al cine o practicar deportes en el campo de fútbol. La plaza dela farola, frente al bar, era uno de los puntos de encuentro de la localidad y con frecuencia se organizaban bailes allí. En la zona habitada por los canteros gallegos también se solían celebrar bastantes fiestas los fines de semana,amenizadas con música de gaitas. Aquellos habitantes del Poblado del Pantano; que no eran de los pocos afortunados que contaban con un coche en la época o propietario de una de las cinco bicicletas censadas en 1950; y que deseaban desplazarse podían contar con los servicios de “La Juanita”, el autobús que cubría el trayecto entre Utiel y Chelva pasando por el poblado.

Las obras del Pantano de Benagéber consideradas fundamentales para el desarrollo del pais, fueron visitadas por innumerables cargos públicos. Desde su inicio en la que tomaron parte Alcalá Zamora, Manuel Azaña e Indalecio Prieto entre otros; hasta su inauguración por Franco en 1953, dos años antes de la finalización definitiva de las obras, la lista fue amplia y variada. Por lo general las visitas suponían detener los trabajos durante un periodo de tiempo y que los trabajadores acudiesen a homenajear a los ilustres visitantes.

Destruir un Pueblo para Construir Otro…

La construcción de la presa supuso un cambio brusco, profundo y fundamental para las gentes de Benagéber. Las cerca de 400 personas que habitaban Benagéber en el primer tercio del siglo XX, tuvieron que ver no sólo la construcción del pantano y el poblado, sino también como su pueblo y sus tierras de regadío, las más productivas, eran sumergidas bajo las aguas. Se trataba de una comunidad agraria que contaba también con importantes ingresos provenientes de la ganadería y del sector forestal. En el siglo XIX por la expansión demográfica y económica de la época se comenzaron a explotar agrariamente zonas alejadas del casco urbano. De esta manera nacieron o se consolidaron aldeas como Nieva, Villanueva y Cortes y masías y casas de campo habitadas continuamente como Tangarinos, La Dalta, La Casa de Enmedio o Grilluelos que cultivaban secanos y pequeños regadíos ligados a la presencia de algunas fuentes. El sumergir el pueblo suponía acabar con el esfuerzo y trabajo de siglos de las gentes de Benagéber. Bajo las aguas quedaron los dos molinos harineros, la central eléctrica, el puente, la ermita, la iglesia, las casas… En palabras del alcalde de la época: “El Pantano de Blasco Ibáñez ha de anegar totalmente dicho pueblo, toda la huerta que hoy tenemos, gran parte del secano, y, en fin, hasta el cementerio donde duermen nuestros familiares”.

INUNDACIÓN PUEBLO ANTIGUO

Ya durante la República, en abril de 1934, el ayuntamiento de Benagéber solicitó que en lugar de cobrar indemnizaciones se construyese un pueblo nuevo para los vecinos “con características similares al que tenemos hoy, en cualquier sitio de esta zona ó comarca de nuestra región”. En concreto se proponía una finca del término de Chelva pertenciente a Riegos Electricos de Valencia S.A. En todo caso, la propuesta no prosperó. En 1947 las aguas ya tenían más de metro y medio de profundidad en el antiguo pueblo. La población había sido
trasladada el año anterior en medio de una gran incertidumbre. La mayoría de las gentes de Benagéber estaba alojada en dos propiedades del Instituto Nacional de Colonización: La Finca Moroder (Montcada) y las Fincas San Antonio y Pla del Pou (Paterna, Bétera y Pobla de Vallbona). El resto se quedó trabajando en las obras y residiendo en el Poblado del Pantano o en alguna de las aldeas que no fueron afectadas por el pantano. De la primera de las fincas surgió San Isidro de Benagéber, nucleo perteneciente a Montcada en la actualidad , y de la segunda San Antonio de Benagéber, que tras pertenecer a Paterna se declaró municipio en 1997.

Sin embargo; una parte de los vecinos,solicitó poder quedarse y que se construyese un nuevo Benagéber en las inmediaciones de Nieva. Se solicitó además introducir un nuevo regadío en dicha zona mediante la elevación de aguas del pantano o mediante la excavación de un pozo con motor eléctrico. En 1943 el ayuntamiento ya tenía su sede oficial en el nuevo emplazamiento, en 1945, la parroquia se trasladó a la ermita de San Isidro de Nieva y en 1954 se inauguró la iglesia del nuevo pueblo de Benagéber. Lo que nunca se consiguió fue la creación del nuevo regadío de Nieva. El nuevo pueblo albergaba en orígen a 115 vecinos, a los que pronto se sumaron algunos del Poblado del Pantano y parte de los de las aldeas y masías de la zona que se abandonaron en décadas posteriores. En todo caso se trató de un procedimiento polémico, ya que algunos de los vecinos que tuvieron que irse a los pueblos de fuera del término se consideraron discriminados.
PUEBLO NUEVO
La construcción de los tres nuevos pueblos hijos de Benagéber fue un proceso tan costoso que para financiarlo se recurrió a la venta de la madera de los extensos montes municipales para poder hacer frente a los gastos. Las gentes del Poblado del Pantano también tuvieron su pequeña diáspora. Muchos se trasladaron a otras obras públicas en Huesca, Andalucía y Extremadura, otra parte se instaló en el nuevo Benagéber -bien tras el final de las obras, bien tras el cierre de la cementera-, algunos se fueron al Área Metropolitana de València y otro grupo importante se instaló en el municipio vecino de Chelva y Calles, trabajando muchos de ellos en las obras del Pantano de Loriguilla y siendo conocidos popularmente como los “coreanos”. Otro grupo de trabajadores, también empleado en las obras de Loriguilla acabó instalándose en Losa del Obispo.

Los interesados en conocer mejor el poblado pueden descargar esta guía (pdf 820 kb) y visitar la web del ayuntamiento

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  1. Sento Puchades says:

    Gracias por el artículo; sencillamente. Por “ilustrarnos” sobre lo que es, más que un lugar, más que una obra pública, más que un paisaje, mucho más que tantos sustantivos como queramos poner. Sobre un retal de la historia y la geografía valenciana. He disfrutado con su lectura. He aprendido. Gracias Xavid

  2. Octavio S. C. says:

    Magnífico artículo que refleja muy bien lo acontecido en el pantano de Benagéber durante su accidentada construcción. Es este un lugar que me encanta visitar de vez en cuando, y efectivamente, las instalaciones y casas que perduran en aquel sitio reflejan y complementan fielmente la explicación que se da en este detallado y sorprendente documento.
    Muchas gracias por todo Xavid, ha sido un verdadero placer para mí su lectura.-

  3. Enrique G. says:

    Hola. Yo soy de allí. Mi infancia la he pasado alli, en las casas del poblado y no se puede tener un recuerdo mas feliz. Plena naturaleza y tranquilidad. Estoy estudiando un proyecto de repoblacion para las casas del pantano de Benageber. Si tienen alguna idea o algo diganmelo.Una lastima que este lugar esté abandonado. Una lastima.La información aportada me es de gran ayuda. Un saludo

  4. Alberto Moreno says:

    He leído con gran interés la página. Viví durante bastantes años en esta época en Chelva. Una objeción: los “coreanos” no fueron los naturales de Benageber cuando estaban trabajando en el embalse de Loriguilla, etc. Sino los mismos trabajadors en el embalse y residentes en Chelva. Era la época de la guerra de Corea e igual que en la península asiática veíamos a los trabajadores de Jaén, Granada (son las provincias de las que tengo recuerdo) con las pertenencias al hombro. ¡Qué tiempos aquellos tan duros! Para todos, incluso para los guardias civiles que defendían al régimen. Pasé muchas veces por el embalse cuando estaba en plena construcción, con una actividad muy intensa.Iba desde Chelva en “la Juanita” a coger en Utiel el tren para Madrid. Después he vuelto a pasar, después de muchos años, y me ha impresionado el silencio sepulcral que reina allí. Sólo se oyen los pájaros.

  5. juan says:

    Que asco de reportaje, tendencioso y revanchista. El estado se llama España, acomplejado Javier

  6. Querido Señor Juan: Opine lo que quiera sobre el artículo pero, sin recurrir a descalificaciones y manteniéndose dentro de las normas mínimas de convivencia; mientras haga eso le garantizo que nada de lo que escriba será borrado. Si tiene alguna información probada a aportar y que contradiga lo aquí dicho le ruego encarecidamente que así lo haga.

    De paso, le comunico que llamaré a las cosas como me de la gana en lo que escribo; algo que me garantiza la legislación vigente y que espero que usted suscriba.

  7. Queridos todos: mi respetos a quien corresponda.
    Al gunos des calificativos son falta de no haber vivido aquellos tiempos en los que todo era bastante limitado , pero los que los vivimos en gran medida cambiaríamos muchas cosas de hoy por aquellas seis cierto que estábamos bastante condicionados por la pros guerra pero en el pantano de benageber, loriguilla, y Contreras donde yo viví mi juventud y trabaje. No tube problemas y ahora después de jubilado volvería a rebobinar por aquellos tiempos si es cierto que es mi concepto y cada cual cuenta la feria como leba.
    Pero no valen los des califitativos sin a ver vivido esos tiempos todas las cosas son buenas o malas según sí superan el cincuenta y cinco por cien se convierte en mas o menos. Yo supere el 75 x 100. Aquí en corresponda saludos y mis agradecimientos por quilla familia de los pantanos.

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