¿Disponemos de suficientes recursos potenciales de biomasa?

En muchas de las charlas que el equipo de Biomasa y Gestión Territorial Sostenible organiza en las distintas comarcas valencianas una de las cuestiones que suele plantearse por alguno de los asistentes es: ¿disponemos de suficientes recursos de biomasa susceptibles de aprovechamiento para la producción energética?. Dado que a estas charlas suele acudir un público muy diverso, desde personas muy informadas sobre la cuestión a otras que la desconocen, algunas plantean, aplicando la lógica por otra parte, si la disponibilidad de combustible puede comprometer el desarrollo del proceso. En general la gente desconoce que nuestro país dispone de grandes reservas de biomasa susceptibles de aprovechamiento, más aún, que somos exportadores de combustibles derivados de la misma a otros países. La vinculación de la biomasa a los espacios forestales y la idea de que no somos un país de bosques justifican esta visión tan extendida. Quienes propugnamos la difusión de la utilización de la biomasa como materia prima para la producción energética debemos realizar una tarea de divulgación a todos los niveles, también en esta cuestión en concreto, de ahí el presente artículo.

Según datos de Eurostat actualmente España posee potencial para producir en torno a once millones de toneladas de biomasa, todo ello sin incrementar el aprovechamiento forestal y agrario. Esa capacidad productiva se obtiene básicamente tanto de los recursos forestales como de los derivados de la actividad agraria en diversas facetas. En ese sentido cabe tener presente que si bien el sector forestal reúne grandes recursos no le va a la zaga el agrario, sobretodo a partir de los restos de cultivo como los obtenidos de la poda del arbolado, el cultivo del cereal o en la cría de ganado, a lo que se suma los de la transformación agroalimentaria como la relacionada con la obtención de aceite, vino, frutos secos, etc. A ello debe añadirse el aprovechamiento de otros residuos orgánicos.

Este conjunto de subproductos obtenidos actualmente, de emplearse correctamente para la producción de energía, podrían superar el equivalente al consumo de unos 3,3 millones de toneladas de petróleo, según estimaciones realizadas por la Asociación Española para la Valorización Energética de la Biomasa (AVEBIOM). En relación con la utilización de biomasa no debemos olvidar que a fecha de hoy además de su incidencia en la generación de empleo y de riqueza mediante la obtención, transporte y tratamiento o transformación de la misma; en el fomento de una economía más sostenible y vertebradora del territorio; en la contribución al mantenimiento de espacios forestales y agrarios; en la reducción de la emisión de CO2 por su uso como sustitutivo de otras fuentes energéticas; en el ahorro de hogares, empresas y entidades, cabría añadir entre otras repercusiones positivas la reducción de la importación de energía y la consiguiente incidencia en la balanza de pagos nacional y la dependencia energética del exterior.

Si estos datos resultan suficientemente elocuentes además debe considerarse que el volumen de los recursos como la madera y otros subproductos experimenta un notable incremento entre los últimos inventarios forestales realizados, pese a los incendios y a otras afecciones de variada naturaleza. Quienes nos desplazamos frecuentemente por nuestras tierras con un poco de curiosidad observamos como el bosque se expande año a año y además se densifica pese a los impactos y a los condicionantes que impone nuestro clima. Se da la circunstancia de que en España únicamente se aprovecha el 35% de los recursos forestales disponibles, mientras que la media europea se sitúa en el 61%, sin considerar otros como los agrarios. La importación de algunos productos como la madera de otros países junto con el aún escaso consumo local de otros como la leña con destino a la elaboración de pellets o astillas justifican esta situación.

Algunos estudiosos estiman que el incremento factible de las cortas en los bosques con criterios sostenibles, del aprovechamiento de nuestros montes, permitiría aumentar la producción en otros 12 millones de metros cúbicos, duplicando la actual capacidad productiva total. Si a ello se añade un mayor aprovechamiento de los recursos agrícolas, en nuestro ámbito es posible vislumbrar las posibilidades que ofrecen el naranjo o en su defecto otro frutal sustitutivo del mismo dado la actual coyuntura citrícola, el olivo, el almendro, la viña o la ganadería intensiva, las posibilidades de incrementar la producción son notables.

A la valoración de recursos descrita es preciso añadir las posibilidades que ofrecería en un futuro el aumento de la producción a través de plantaciones específicas para obtener biomasa, de los cultivos energéticos. En nuestro entorno ya existen experiencias en esta línea si bien es cierto que la coyuntura aún no es la más oportuna a falta de avanzar un poco más en el conjunto del proceso. Cuando se acelere el proceso de desarrollo de la industria transformadora, a través del incremento del consumo que se está produciendo, será más factible realizar esas plantaciones productoras.

Se da la paradoja de que incluso funcionando como lo hace este proceso productivo a medio gas, es decir con una infrautilización de los recursos disponibles, la industria española productora de biomasa exporta entre un 70 y un 87% de la producción nacional según las fuentes. Esta elevada exportación se lleva a cabo mediante la estructura actual, con capacidad de producción de un millón de toneladas sólo de pellets, cuando sin embargo únicamente se producen cuatrocientas mil. Como es bien sabido países como Italia importan abundante biomasa española lo que por otra parte les permite obtener diversos beneficios incluso preservando sus recursos propios. Mientras, aquí nuestra factura energética nos ahoga y contribuye a empeorar la situación socioeconómica general. Esta paradójica situación presenta algunas similitudes con la que otra escala se registra con la producción nacional en el ámbito de la agricultura ecológica.

Desde Biomasa y Gestión Territorial Sostenible, como desde otras instancias, pensamos que es preciso impulsar el consumo en nuestro país, un proceso factible incluso, o más que nunca, en la actual coyuntura socioeconómica. La rápida amortización de las instalaciones que funcionan con biomasa y su escaso coste de funcionamiento, muy inferior al de las que utilizan otras fuentes de energía, junto con el elevado nivel de automatización, ahora que ya disponemos de tecnología suficientemente avanzada, son factores a considerar para su difusión. De este modo el incremento del consumo de biomasa puede generar un efecto de arrastre sobre nuestra producción.

La referida difusión del consumo es una tarea de los particulares, en tanto que principales promotores potenciales de instalaciones, pero también de las distintas administraciones públicas. Las administraciones deben cooperar directamente a través de varias vías, entre ellas mediante la normativa que facilite en mayor medida un mejor aprovechamiento de los recursos disponibles en este momento y un incremento de los futuros. Con su apoyo o sin él el proceso se va desarrollar, con respaldo lógicamente con mayor celeridad no sólo por lo que representa directamente sino por su carácter de efecto demostración. Las administraciones públicas deben ser conscientes de las oportunidades que se abren, por otra parte recogidas en el Plan de Acción Nacional en materia de Energías Renovables 2011-2020. Por desgracia esta consciencia de la oportunidad, de la necesidad incluso en términos económicos, no es muy apreciable en la Administración del Estado como queda patente en la reciente suspensión provisional del citado plan y algunas otras medidas aplicadas durante los últimos meses.

En relación con el incremento del consumo y con la futura evolución de los precios del combustible, otra de las cuestiones que en ocasiones se plantea en las charlas, la combinación entre baja cotización de partida, en disminución al incrementarse la competencia por la entrada en funcionamiento de instalaciones productoras, con la capacidad productora y de incrementar la producción en tanto que recurso renovable no hacen prever un aumento de los costes de las consumidoras. Cabe tener presente que el precio de la materia prima utilizada no depende de precios internacionales, tampoco de unos pocos países productores que controlan la producción, lo que dificulta la especulación.

La vinculación con unos precios de combustible ajustados será más favorable en aquellas instalaciones consumidoras asociadas directamente a estructuras productivas de biomasa, sobretodo en el marco de proyectos integrales locales y con repercusiones a otros niveles. También en esta cuestión, la económica, la vinculación directa entre producción y consumo en proyectos pequeños o medios puede otorgar un valor añadido. Por estos y otros motivos desde Biomasa y Gestión Territorial Sostenible somos firmes partidarios de este modelo de instalaciones consumidoras medias y al menos en parte integradas en procesos junto con productores, una opción sobre la que reflexionaremos en un futuro artículo.