La biomasa como herramienta de ahorro, sostenibilidad y creación de empleo en infraestructuras públicas

El encarecimiento de la energía representa un lastre cada vez más pesado para los hogares y las empresas pero también para las administraciones públicas, especialmente para las locales, que tantas instalaciones gestionan en los municipios. Es evidente que la factura energética afecta directamente a la viabilidad de las cuentas de muchos ayuntamientos, más en un momento en que estas no atraviesan sus mejores momentos. Reducir el coste energético generado por el mantenimiento de instalaciones como casas consistoriales, edificios de oficinas, casas de la cultura, polideportivos, piscinas, etc., no es únicamente una virtud sino que ahora también constituye una perentoria necesidad.

La bioenergía y concretamente la utilización de la biomasa para generar energía térmica ofrece interesantes soluciones para los ayuntamientos. Su empleo permite afrontar ese grave problema al reducir el gasto corriente de la factura energética municipal, lo que ya de por sí justifica su implantación. Pero además, mediante determinados proyectos de gestión con enfoque integrador puede contribuir a generar empleo local y riqueza, todo ello en un contexto de contribución directa a la protección del medio ambiente. Por si esto no fuera suficiente argumento, al margen de estas cuestiones locales indirectamente la utilización de bioenergía contribuye desde lo local al mantenimiento del medio, a la generación de riqueza y empleo en general o al ahorro a escala nacional mediante la sustitución de importaciones de energía del exterior.

En esa línea es patente la apuesta que están realizando de forma creciente ayuntamientos por emplear la biomasa como fuente de energía para atender las necesidades de las instalaciones municipales. Cada vez son más las oficinas, piscinas, colegios, polideportivos, etc., que cubren sus necesidades de calefacción y de refrigeración, de agua caliente sanitaria, en ocasiones también de energía eléctrica, mediante el funcionamiento de calderas que utilizan biomasa como combustible.

Pese a las indudables ventajas, frente a la gran aunque aún insuficiente difusión alcanzada en nuestro país en los consumidores domésticos (en número de instalaciones consumidoras) e industriales (en potencia instalada en las instalaciones), pese a las numerosas instalaciones públicas en marcha, hasta el momento su implantación en el ámbito de estas últimas es menor. Esta presencia resulta aún más reducida en el caso de los municipios valencianos, sin que haya factores económicos o ambientales que lo justifiquen. Aún así son numerosos los ayuntamientos españoles que ya han desarrollado iniciativas de esta naturaleza, de variada entidad y naturaleza, desde la sencilla instalación de una caldera de calefacción destinada a un único edificio público hasta las instalaciones combinadas para el abastecimiento de varias dependencias municipales. En ese sentido cabe tener presente las indudables posibilidades que ofrece la tecnología disponible para instalaciones de las tipologías y potencias más diversas. En la actualidad mediante energía térmica generada a partir de la biomasa se cubre la demanda de pequeñas salas pero también de terminales de aeropuertos.

En ese contexto en muchos municipios se ha implantado sistemas exclusivamente de consumo junto con otros que integran la producción, en el marco de la integración en proyectos de gestión local de residuos forestales y agrarios. Su presencia comienza a ser patente tanto en pequeños municipios inferiores a 250 habitantes como en grandes ciudades. Día a día conocemos interesantes iniciativas de todo tipo que avalan las posibilidades que ofrece la biomasa en el ámbito municipal. Pese a todo ello aún resta la mayor parte del camino por recorrer.

En la actual coyuntura, a nivel nacional se asume que la principal cuestión pendiente en el ámbito de la producción energética a partir de la biomasa es precisamente el desarrollo del consumo. Se da la circunstancia de que este último en las actuales condiciones aún no se ha consolidado básicamente por la falta de información de la sociedad. Es por ello que resulta decisivo que las distintas administraciones, los ayuntamientos entre ellas y en tanto que las entidades más próximas a los ciudadanos, actúen de difusoras y prediquen con el ejemplo. Puesto que la administración nacional y en muchos casos la autonómica realiza un esfuerzo insuficiente para su fomento, la local, como en otros muchos ámbitos, puede suplir esta deficiencia. El desarrollo de pequeñas iniciativas locales puede contribuir decisivamente a la promoción a través del efecto demostración.

Los ayuntamientos disponen de margen de maniobra para promover o apoyar la implantación de pequeños o medianos proyectos en sus municipios. Hasta el momento han sido ayuntamientos de municipios de varias dimensiones los que han desarrollado iniciativas de las características más diversas. Es cierto que la cuestión financiera resulta decisiva, no podemos abstraernos de la realidad, pero no tan determinante como pudiera parecer por la rápida amortización y reducido coste de funcionamiento de estas instalaciones en relación con la utilización de otras fuentes de energía. Es por ello que en muchos ayuntamientos se ha impulsado proyectos, con carácter más o menos integral, en la línea que propugnamos.

Resulta especialmente interesante la puesta en marcha de iniciativas de producción de energía térmica a escala local mediante instalaciones centralizadas que cubren la demanda conjunta de diversos edificios. Este modelo de implantación de una única instalación productora desde la cual atender varios edificios municipales cuenta con amplia experiencia en otros países europeos. En esa línea y pese a nuestro bien patente retraso en relación con otras comunidades autónomas, no digamos respecto a otros países europeos, ya disponemos de alguna experiencia en tierras valencianas en fase de ejecución. Se trata de un modelo de menor coste económico de mantenimiento y de mayor sencillez de gestión.

En ese contexto también resulta interesante cómo la superación del ámbito local y el desarrollo de la cooperación más allá de los límites municipales ofrece en ocasiones amplias posibilidades. Quienes somos firmes partidarios de la intercooperación, esencial por otra parte en el ámbito del desarrollo local, pensamos que a través de ella es factible desarrollar ambiciosos proyectos que de otro modo resultarían lentos o costosos de promover. Una vez más la necesaria colaboración entre administraciones puede permitir promover iniciativas que en muchos casos por separado no resultan factibles.