Día Mundial de la Eficiencia Energética. Gestión de cuestiones ambientales en las empresas.

El 5 de marzo es el Día Mundial de la Eficiencia Energética, lo que a semejanza de tantos días mundiales se supone tiene que inducirnos a reflexionar sobre una determinada problemática global como es en este caso racionalizar el consumo de energía. La utilización racional de la energía, y en el marco de ella la consecución de la máxima eficiencia, es una necesidad cada vez más asumida que nos mueve a redactar este artículo sobre una iniciativa de interés relacionada con ella.

Recientemente la Federación Empresarial Comarcal del Alto Palancia (FECAP) y Pebrella ATF Consultora han firmado un convenio de colaboración para la difusión e implantación de medidas de eficiencia energética y de sostenibilidad ambiental. Se trata de un acuerdo de cooperación dirigido a las empresas del Alto Palancia. El citado convenio contempla el asesoramiento por parte del equipo técnico de Pebrella a las empresas palantinas en materia de auditoría energética, implantación de energías renovables, gestión integral de los residuos o fomento de pautas de sostenibilidad y de gestión medioambiental empresarial.

Esta iniciativa, que ilusiona a todos los partícipes en el proceso, es una muestra de la apuesta de futuro de una entidad como FECAP, enmarcada en su decidida apuesta por la intercooperación. Se inserta en su visión de prestar nuevos servicios a sus asociados, de fomentar la competitividad, al tiempo que de incorporar nuevos componentes medioambientales a los procesos productivos que repercutan, fundamentalmente, aunque no exclusivamente, en las empresas. A raíz de dicha firma, ya manos a la obra, surgen algunas consideraciones con incidencia no sólo socioeconómica sino directamente territorial, extensibles más allá de los límites del Alto Palancia, sobre las que nos planteamos reflexionar.

Para muchos a quienes nos interesa el territorio como un componente esencial para la consecución de una mayor calidad de vida, como un factor productivo limitado, fundamental para un desarrollo socioeconómico más armónico, su mantenimiento pasa por la imprescindible vinculación al sistema productivo aunque aplicando criterios más respetuosos. Como suele decirse, aquello que no tiene un valor económico, de mercado, tiende a infravalorarse y a dejarse de lado. Es preciso, por tanto, contribuir a otorgarle un valor aunque a través de iniciativas lo más respetuosas posible, sea en términos agrarios, forestales, industriales, urbanos, de espacio ambiental, etc. El ámbito empresarial, que al fin y al cabo abarca desde el autónomo a la gran empresa, tiene mucho que aportar al respecto, superando esas visiones del territorio meramente productivistas a toda costa de las que todos conocemos numerosos ejemplos.

En los últimos años iniciativas empresariales como muchas de las urbanísticas pero también otras fabriles o comerciales, es cierto que han resultado lesivas a escala territorial. Seguirá habiendo muchos ejemplos en esa línea, no nos engañemos, pero se observa un creciente, en buena medida incipiente, interés por hacer algunas cosas de otra manera, por avanzar considerando las cuestiones ambientales. Más allá de iniciativas empresariales de apoyo a fundaciones medioambientales, de actuaciones de regeneración de áreas degradadas, de promoción de plantaciones de árboles, bienvenidas sean todas ellas y por otra parte tan novedosas tan sólo unos años atrás, aumenta el número de empresas que incorporan procesos productivos más respetuosos. Se trata de actuaciones en materia de eficiencia energética, de mejor gestión cuando no reutilización o valorización de sus residuos, de utilización de materias primas menos impactantes, de tratamientos de imagen, etc. En ese sentido son muchas las apuestas de futuro con repercusión favorable para los propios trabajadores, el entorno y el conjunto de la sociedad. Pese a todo ello es muy largo el camino por recorrer y las empresas aún tienen mucho que decir y hacer al respecto.

El incremento de la sensibilidad por las cuestiones ambientales, más acelerado de lo que muchos se imaginan, más lento de lo que otros muchos desearíamos, prácticamente obliga a autónomos y a empresas a tomarse en serio esta cuestión. Independientemente de la sensibilidad ambiental de los gestores, quienes no se adapten a este proceso pueden ver afectados sus balances de cuentas, por si no era ya suficiente la crisis económica y la creciente competencia de países terceros.

La competencia cada vez es mayor en este mundo progresivamente más globalizado y por ello es necesario ofrecer mayor calidad en toda la cadena de valor y buscar valores añadidos en relación con la imagen y la incidencia medioambiental. En el contexto actual ya se tiene en consideración que una empresa del tipo que sea incorpore criterios ambientales y sociales positivos. La aplicación de nuevas normativas en este campo, habitualmente costosas para las empresas como frecuentemente insuficientes para territorio y sociedad, constituyen una muestra. Esto es una realidad extensible tanto a las grandes corporaciones como a las microempresas.

Por si lo expuesto no fuera suficiente se añade el creciente peso del coste de la energía para las empresas. Hoy en día una granja porcina productora de carne, una empresa fabril, un establecimiento comercial o un despacho de profesionales, tan distintos en su funcionalidad, se enfrentan al problema común del elevado coste de la energía, que como sabemos además tenderá a incrementarse. El mayor o menor consumo internacional de las fuentes de energía repercute en el coste de las mismas, especialmente las no renovables, a lo que se suma la notable especulación en su producción y distribución y por si todo ello no fuera suficiente además la presión impositiva desde la administración.

Quien se mueva un poco por nuestros pueblos y ciudades observará que muchos establecimientos hosteleros, comerciales, explotaciones ganaderas o factorías industriales sufren el coste de la energía, situándolas frecuentemente al límite de la viabilidad del negocio, lo que acentúa la presión por la disminución de ingresos por la crisis. En ese contexto las empresas se lanzan a estudiar nuevos productos o servicios, a la búsqueda de la diferenciación, a la aventura de la internacionalización, a la reducción de costes pero sin embargo aún no suelen dedicar tantos esfuerzos en materia de eficiencia energética.

Es preciso, como consecuencia de la anterior, plantear medidas energéticas en cuestiones como aislamiento, distribución y consumo interno de la energía, contratación y tarifas por la prestación del servicio y cuando sea factible la selección de una u otra fuente de energía, es decir avanzar hacia una mayor eficiencia energética. Se trata de afrontar un problema que afecta al balance económico de las empresas y al conjunto de la sociedad en calidad de vida y futuro. Las actuales tecnologías y la información disponible permiten ofrecer soluciones al menos parciales desde un pequeño establecimiento a una gran empresa, desde sencillas actuaciones a instalaciones de energías renovables que garanticen mayor autonomía y menor coste.

Resulta esperanzador y revelador del talante de planteamientos que una entidad como la Federación Empresarial Comarcal del Alto Palancia, con varias décadas de singladura y tan sólidamente arraigada en la comarca, apueste por implicarse nuevamente en apoyar a las empresas al tiempo que en promover una mejora de la calidad de vida y el medio ambiente. Confiemos en que con el tiempo otras agrupaciones empresariales y de otra índole apuesten tan firmemente como FECAP por innovar en una cuestión tan relevante. Por la parte que nos corresponde, para los integrantes de Pebrella ATF Consultora representa un nuevo reto colaborar en la promoción de modelos más armónicos de desarrollo territorial y social, en esta ocasión a través de ese asesoramiento individualizado a las empresas comarcales.